top of page
Buscar

Rosario Rock // Sergio Dawi + Semilla Bucciarelli Noche Ricotera

  • semidawi
  • 26 mar 2012
  • 2 Min. de lectura

Viernes 23 de marzo - Willie Dixon

Un recital, un show artístico, un espectáculo que funciona el arte gráfico con la música. ¿Cómo definir lo que presentaron el viernes pasado Sergio Dawi junto a Semilla Bucciarelli en Willie Dixon? Lo cierto es que, estos dos "artistas con mayúsculas", no hicieron otra cosa que seguir rompiendo los esquemas de lo preestablecido sobre lo que tiene que ser su trabajo. Si bien nunca podrán borrar de la mente del público su pasado con ex Redondos, los músicos se las ingeniaron de la mejor manera para cautivar con una propuesta diferente.

Pasada la medianoche, Dawi se subió al escenario con un Dixon repleto de fanáticos de los Redondos deseosos de mucho rock. Era la primera vez que los músicos llegaban a la ciudad con la premisa de “Semidawi”, por lo que recibimiento de la gente se dio al cántico de Vamos redondos ponga huevo, vaya al frente.

Y como todo lo bueno se hace desear, el comienzo se demoró un poco por problemas en el proyector de Semilla, cuestión que se repitió varias veces durante la noche. Sin embargo, los desperfectos técnicos no empañaron la velada y pronto el público abandonó los típicos cánticos ricoteros para sumergirse en la hipnosis que brindaron las melodías y los colores en el escenario.

Con el mameluco blanco en el cuerpo del saxofonista, Semilla se encargó de jugar con la imaginación, tablet en mano, y adornar de figuras a cada nota que salía del viento. Un par de alas se desplegaron de la espalda de Dawi ante las primeras melodías de un blues.

La noche transitó por los ritmos del funk, soul, blues y música renacentista, pero el climax se alcanzó cuando Dawi pasó del looper al saxo y del saxo al looper, componiendo pistas en vivo y, como el lo define, copiando y pegando ritmos en partituras.

Luego de más una hora y cuarto en escena, el saxofonista se bajó del escenario con su instrumento para tocar entre los fanáticos que estaban en las gradas del mítico templo del rock. Si perder el aire bajó las escaleras y atravesó la masa de gente hasta llegar a su compañero que lo esperaba en un escritorio montado en el centro del espacio. Desde allí, los músicos se despidieron para dar paso al desenfreno ricotero de losBuenos Psicópatas. Lo que se dice, una noche redonda por donde se la mire.

 
 
 
Destacados
Últimas Notas
Etiquetas
bottom of page